El reino de mi mundo

jueves, 25 de agosto de 2016

requiem de despedida




Que la verdad, no puedo quejarme, ni dar golpes a una puerta que no tiene la menor culpa de esa expulsión de sentimientos que uno siente por dentro. No puedo quejarme!, no!. Sería una deshonestidad de mi parte y una falta de respeto total, decir que no valió la pena este tiempo en que dos almas se encontraron y vivieron una aventura.
Y no es casualidad que nos cruzásemos. Vos como aquella mujer caminando por algún lugar del mundo y yo como un solitario viajero que no hacía otra cosa que observarte. No fue casualidad. Mientras tomo una copa de vino y escribo estas palabras. Tal vez este sea nuestro mayor vinculo sabes?. y nuestra mayor pasión.
Que no es casualidad que tu rostro me cautivara como tus lunares en esa geografía extraordinaria que termina en tu sonrisa. No. Que no es casualidad que tus caricias curaran mi heridas de tantos años. El tiempo nos hace pacientes. Pero el tiempo también es vil y nos dio solo un lapso de felicidad. Ahora solo resta volver al mundo real. Los finales felices solo son una ficción de Dios. -
De todas maneras quiero que sepas y de corazón lo expreso y digo con lo que queda de voz:
- Que fuiste mí mayor anhelo en estos momentos de soledad como tu nombre de heredado lo cita, y eso no lo dudo.
- Que sós uno de mís pensamientos en este maldito juego del amor. Diras porque ? No es fácil apartar tú imagen. Esa risa, esa vos y todo eso que te dá vida.  Tampoco lo dudo.
- Y que serás aquel recuerdo de un invierno que me dio calor. Eso jamás lo dudare.


La botella de vino se termina bonita,  como solía decirte, como así también estás palabras y ese bello amor que fuiste.
                                                    Diego Leandro Couselo
                                                                               

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