El reino de mi mundo

domingo, 18 de diciembre de 2016

Los ojos mas pequeños que leen

Son los ojos mas pequeños del mundo. Ni un oftalmólogo lo podía creer.
Será por leer sin parar dice una matrona. Extraña sentencia. La última vez que fue vista tenía un libro en su mano derecha y una pisca de vigor en la otra. Alguna historia de amor. La mujer de los ojos pequeños abre, lee página por página. Llora, ríe, a veces se pone celosa y otras se asusta. Se siente nostálgica. Se siente poderosa y también débil. Ella es todos y cada uno de los síntomas que este mundo nos otorgo a través de dios. Ella no vino de la costilla de adán. Ahora esta meditabunda, observa el cielo y los músculos de su cara se transforman en el ser que cavila y se pregunta y ahora? Y después?. El futuro.
La gente de su alrededor no saben porque suele ponerse así.
- Esta leyendo incrédulos! No lo ven ? dice una voz. Esta viajando, viviendo su propia aventura. En donde tal vez su equipo sea el campeón de campeones, su corazón sea el comprendido de los incomprendidos dentro de tanta incomprensión y la vida le de un momento de paz frente a lo pacifico luego de tanta paciencia y resignación.
- Entiendan ella es una historia, una novela oculta llena de pasión que ustedes jamás se atrevieron a leer. No los culpo el valor nace del alma y es una determinación que requiere de la mayor de las audacias.
Rueguen al señor por la mujer de ojos pequeños, porque al final de este relato nacerá una persona diferente que les diga.
- Escuchen y escuchen bien queridos, el mundo pertenece a quien se arriesga a leer y ser leído. Dar existencia esas trivialidades que pasan de largo porque  el valor de las cosas no se mide por su tamaño sino por su calidad y afecto. A percibir lo que no se percibe y poder deletrear sin miedo la palabra amor.
Cerró su libro. Todo a su alrededor quedo desierto y esos seres se esfumaron . Quizás entrasen en razón o no?. No tiene importancia. Un pequeño de temprana edad la llama, se acerca y la abraza. Era su sangre, su legado. Era quien sabía leerla. De la mano se fueron, mientras ella le contaba a su hijo a título de cuento que su equipo va a ser vencedor. Cosas de una madre. Cosas de la muchacha de los ojos pequeños.

          Diego Leandro Couselo





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